¿Cómo viajar sin comer (tanto) y no morirse de hambre? Primera parte

 

Si la intención de tu viaje es hacer turismo gastronómico entonces este artículo no es para ti. El valor de comer puede llegar a ser un elemento cultural indispensable en el viajero pero este blog tiene como fin el low cost sin que esto signifique un detrimento de un buen nivel (bueno, sí, es un detrimento pero no tanto). Pero comer trufas, pato a la naranja, carne de kobe ni caviar ha sido lo mío, lo mío es el pan con queso, los jugos de fresa, la pizza, los croissants de chocolate y las ensaladas frescas.

Si crees que la mala comida en México puede llegar a ser cara (McDonalds) en lugares como Venecia, Italia un McDonalds te puede salvar ya que es más barato que comer en un restaurante de comida italiana. “¿Qué te sucede? Creía que eras antisistema”. No, no estoy diciendo que comer comida rápida gringa en Italia sea la mejor opción, es sólo que es una buena opción cuando tu presupuesto es nimio (como dato interesante la Unión Europea tiene un mayor control sobre los alimentos y por ende es más estricto con lo que se consume por lo que consumir una Big Mac -guácala- en Europa es más decente que consumirla en el continente americano). En todo caso una mejor opción es comer unos calzones (no, no esos tipos de calzones) o las deliciosas pizzas romanas o napolitanas (básicamente pan con salsa de tomate) cuando se está en Italia. Pero la mejor opción es siempre cocinar.

Cocinar en el hostal es esencial pero es todo un arte, hay que saber qué ingredientes son los mejores (y lo más típico o común del lugar) y elegir bien una tienda o un supermercado en dónde comprarlos. Una palabra clave aquí es: perecedero. En países como Japón después de las 5 de la tarde muchos productos perecederos bajan de precio en los supermercados debido a que no serán aptos para su consumo al día siguiente así que el bajar de precio ayuda a que los consumidores vayan en masa a comprarlos antes de que se echen a perder. Muchos de esos productos ya están procesados y/o cocinados (como las sopas ramen, los camarones, calamares y pescados empanizados y el sushi) por lo cual si te da pereza cocinar es una buena opción para comer aunque tengas que hacerlo ya tarde. Si quieres saber más sobre el arte de comprar comida en los supermercados japoneses cliquea aquí. En países como Austria sucede lo mismo con productos procesados como los baguettes o yogures, en Viena comía mucho en esos restaurantes de autoservicio.

Pero cuando no puedo cocinar en el hostal lo que aplico mucho es la famosa regla de la periferia: entre más lejos del centro estés, más barata la comida será. No importa si estás en un lugar turístico o no, cualquier negocio en cualquier lugar del mundo paga un alquiler mayor en el centro de una ciudad o pueblo o pagó más por esa propiedad al momento de comprarla, además al ser punto de encuentro de toda la comunidad hay mayor oferta y demanda en todos los productos. En ciudades que son casi temáticas para el turismo como Praga o Barcelona es muy aconsejable salirse del centro si se busca algo de comer, a menos que sea una franquicia de comida rápida cuyos precios normalmente son fijos en todo un país sin importar si estás en pleno centro de Barcelona o en su periferia, yo recomendaría, en todo caso, probar Pans & Company, cadena especializada en bocadillos (lonches o tortas o baguettes o como quieras decirle).

Ahora, la diferencia entre comer en un restaurante en el centro y otro a veinte cuadras (por irme lejos) de allí es abismal, dependiendo de ciudad y país, podrías ahorrarte hasta un 70%. Como ejemplo pongo a Puebla en México, una ciudad con gran gastronomía. En un viaje que hice allí en una clase de Museología, mi grupo y yo llegamos a un restaurante diseñado para el comensal foráneo; por cuatro simples chalupas pagué 75 pesos más IVA además de una propina forzosa (sí, no incluía IVA y en la cuenta nos cobraban un 15% de propina sin pensar en que ésta va de acorde a nuestros bolsillos y trato recibido), mientras que a tres cuadras de allí estaba una fonda cuyo menú del día (35 pesos) incluía sopa, guiso, agua fresca y postre o café (IVA incluido). El por qué llegué a una “trampa para turistas” es porque el profesor que nos llevaba y la mayoría de los estudiantes (casi todos extranjeros) eligieron ese lugar que parecía “muy mexicano”. El factor propina también es para pensarse, detesto los lugares que te fuerzan a hacerlo, el servicio recibido debería de ser el factor único para dar cierto porcentaje de propina, no la política del lugar. En países como Serbia y Japón la propina no es común y ya hablaré en otras entradas sobre ese aspecto cultural.

En Barcelona un restaurante en plenas Ramblas (centro de la ciudad) podría cobrarte unos 20 euros (400 pesos) por una genérica paella pre-cocida mientras que en otros barrios de la periferia podrías comer una paella casera más bebida incluida por 12 euros (240 pesos) cuando mucho. Una pregunta clave aquí es ¿merece la pena caminar tanto o salirse tanto del centro sólo para comer? Si dicha ciudad es amigable para el peatón o si tiene un buen transporte público habría que valorar si el gasto que representa ir la periferia (ida y vuelta más el precio de la comida) es menor al total de lo que gastarás en el centro. Hay ocasiones en que el traslado o el tiempo hacen más fácil -y económico- que mejor comas en el centro; en el caso de Puebla sólo tres cuadras me separaron de un buen lugar y barato de un sobrevalorado y caro lugar, pero hay algunas interesantes excepciones en donde es mejor elegir el “caro” pero céntrico lugar o también habría que valorar que no toda comida rápida es mala; en los Balcanes, en especial en Serbia y Macedonia, los llamados pljeskavicas (hamburguesas) no sólo son baratos sino que los ingredientes usados para prepararlos son de primer nivel. Pero ya profundizaré en otras entradas sobre estos platillos y lugares. Por lo pronto recuerda: ¡Aléjate del centro y buen provecho!