¿Cómo sobrevivir a un hostal de mala muerte? Primera parte: París

Desde Guanajuato hasta Bratislava, desde Tokio hasta Bucarest, yo siempre viajo y me hospedo en hostales, con ciertas excepciones como cuando uso los servicios de hospitalidad (cliquea aquí para saber un poco más sobre couchsurfing), y la mayoría de las veces he tenido muy buenas experiencias aunque algunas veces no han sido tan buenas pero todo es parte de la aventura. En ciudades muy caras he tenido que hospedarme en hostales lejanos al centro ya que son los más baratos (sin embargo su transporte público llega con facilidad a esos lugares y eso lo considero mucho a la hora de elegir hostal) pero también son los más sórdidos. En París me quedé en el Friend’s Hostel, un hostal ubicado al norte de la ciudad (en el caótico Boulevard de la Chapelle), lejos de las grandes atracciones parisinas, pero convenientemente ubicado cerca de la estación de trenes París Nord (Gare de Nord). París es una de las ciudades con mayor cantidad de estaciones de trenes en el mundo y cada una está estratégicamente ubicada para servir a diferentes partes de Europa, en este caso de la Gare du Nord viajé al noreste de Francia, a Bélgica, por lo cual hasta el más sórdido de los lugares tiene su encanto (o su utilidad).

El hostal fue relativamente pésimo, pero más por los que habitaban en él que por la administración (como casi siempre suele suceder), la noche me costó 14 euros (aprox. 230 pesos en ese entonces, 2009) por lo cual en una ciudad como París donde los hostales céntricos cuestan como si fueran habitaciones de hoteles (unos 40 euros por noche y hoy seguro cuestan más) este hostal era más que baratísimo. Si uno elimina ciertos prejuicios que habitualmente se tienen sobre la comodidad y la limpieza, este hostal puede llegar a ser “bueno” si no te quedas más de una noche; en mi caso mis varias visitas a París se dieron normalmente por todo un día para después partir a otros destinos europeos (cliquea aquí para saber cómo y por qué disfrutar París de 6 de la mañana a 11 de la noche y salir a otro destino sin pagar hospedaje) pero hubo excepciones en donde sí me quedaba a “dormir” y ese dormir lo pongo entre comillas porque a las 4 de la mañana un inglés ebrio vomitó a mi lado (imaginen una habitación pequeña con cuatro camas casi pegadas).

Pero he aquí lo importante de esta entrada: desperté forzosamente a las 4 de la mañana y no pude dormir por el olor y eso me obligó a salir del hostal anticipadamente porque cuando un hostal está jodidísimo te motiva a salir más y a explorar más la ciudad, en el caso de La Chapelle no había mucho que hacer pero en cuanto salí me motivé a pensar en mil cosas como el cómo llegué allí, con mis calcetines al fin secos y sin ningún atisbo de tos o gripa ya que en el tren de Hendaya a París Montparnasse (otra de las seis grandes estaciones de París, ésta cubre salidas al oeste de Francia y al sur con la frontera de España) estaba empapado porque me agarró la lluvia cuando salía de un café de Hendaya para agarrar mi tren nocturno rumbo a París.

Al salir del Friends Hostel respiré un agradable aire, busqué un café para desayunar antes de volver a la Gare Nord para esta vez tomar un tren matutino. Y en el café pensé en que la mañana anterior no era la primera vez que llegaba a París alrededor de las seis de la mañana y he allí una ventaja para viajar en un tren nocturno, además de ahorrarte el hospedaje tienes todo el día para ti. En Semana Santa viví lo mismo antes de pasar todo el día en la ciudad de las luces esperando el tren vespertino rumbo a Bruselas y posteriormente a Amberes y a Brujas. La sensación de llegar al amanecer a una ciudad como París respirando el olor de la aurora es algo que reconforta el espíritu de un viajero mientras éste sale de la estación de Montparnasse o Gare du Nord con rumbo al primer café que vea, para beber un café o un té que no sea sintético, comer un croissant, especialmente si tiene chocolate, sacar luego algún libro de Irvine Welsh o William Gibson de la mochila, sentarse, oler el café, mirar a través de las ventanas el amanecer de los parisinos quienes caminan hacia sus trabajos o escuelas, pensar en que no importa qué tan desagradable es el lugar donde duermes (o intentas dormir), lo verdaderamente genial de viajar es conocer y experimentar.

Realmente es motivador cuando te fuerzas o te fuerzan a hacer algo (en algunos casos); cuando duermes en un sórdido hostal como en el que estuve en París te motiva a no dormir mucho, a aprovechar al máximo tu estadía en la ciudad en la que estás. Si vas a un hotel donde todo es comodidad, ¿para qué salir de la cama si estás cómodo dormido? En un hostal no sólo tendrás un buen precio sino toda una aventura por vivir.