El problema de la movilidad o por qué detesto los taxis: Mi (mala) experiencia macedonia

 

¿Te gusta caminar y detestas los taxis? Sigue leyendo. ¿No te gusta caminar? Bríncate el primer párrafo (usando un taxi) ya que hoy hablaré sobre movilidad en un lugar un tanto difícil…

Yo divido la movilidad al viajar a cualquier sitio en cuatro niveles; en primer lugar está el caminar, es lo más barato pero también lo más saludable, además te da tiempo para contemplar a tu alrededor y disfrutar de lo que te rodea, en segundo lugar está la bicicleta, aunque depende si el lugar está condicionado para usarlo (en Guadalajara, por ejemplo, es cómodo para ciertas zonas como Chapultepec/Americana pero no para usar en las grandes avenidas porque… bueno, es peligroso para el ciclista), en tercer lugar se encuentra el transporte público (tren ligero y metro de preferencia) aunque intento no usar el camión tanto porque es fatigante y estresante (de nuevo, hablo de Guadalajara) y muy al fondo está el taxi, si lo uso es porque de plano no me queda de otra.

Para un turista el taxi el medio de transporte más cómodo, ¿qué importa gastar 30 euros, 28 dólares o 550 pesos si eres un turista que quiere conocer toda una vida de experiencias en solo una semana con todo incluido? Para un viajero lo es el caminar. Vale más conocer poco pero a profundidad que mucho en la superficie, es una regla de oro cuando se viaja. De las pocas veces que he tomado un taxi me estafaron, esto me sucedió en Skopje, la capital de Macedonia. ¿Por qué tomé un taxi yo, un miembro destacado de la Organización Mundial anti-taxis? Lo hice porque ya era tarde cuando llegué a su estación de autobús (un viaje que hice desde Niš, Serbia) y ya no había autobuses que me llevaran al hostal y además éste estaba lejos, no llegaría a pie. Skopje no es la ciudad más amigable para el peatón, lo que es una lástima pues es una ciudad interesante, con mucha historia y con deliciosa comida. Un día antes de llegar a Skopje me escribieron del hostal dándome las indicaciones para llegar allí, me dijeron que tendría que pagar poco más de 150 dinares macedonios (50 pesos) y el taxi, cómo no, me cobró 600 dinares (200 pesos), intenté razonar con el taxista en serbio (inteligible con el macedonio) y pagué al final 450 dinares (150 pesos). El error fue mío ya que estaba cansado y al preguntarle en la estación de autobuses cuánto me cobraría él me dijo que eso lo hablaríamos después, al llegar al hostal. ¿Habrá sido un taxista legal? En fin, si eres de los que piden taxis, adelante, también están las apps como Uber, Cabify, etc. aunque muchas ciudades en el mundo intentan proteger a sus taxistas de estas nuevas modalidades que, citando a los rednecks de South Park, quitan trabajo, entonces no esperes en todos lados estos servicios (además ten en cuenta el gasto de datos de tu celular en el extranjero). Si necesitas tomar taxis entonces aprende a decir, por lo menos en inglés, “how much does it cost to get to…?” (¿Cuánto cuesta llegar a…?) Al menos así no te harán pendejo. Nunca aceptes un “el precio lo discutimos en el coche”. No, nunca hagas eso, menos en un país como Macedonia.

En lo personal no hay nada como caminar por lo cual una de las recomendaciones más básicas que puedo dar es: intenta llegar a tu destino antes del anochecer para que tengas tiempo de planear tu ruta hacia el hostal, hotel, departamento, etc. en el que te hospedarás. Checar Google Maps u otro servicio de mapas en línea es esencial para saber de dónde partirás y a dónde llegarás, e incluso si tomas taxi sigue siendo buena idea checar la ruta porque si el taxista te cobra basado en el taxímetro al menos podrás ver si está tomando una ruta diferente y más tardada (con lo que te cobrará más dinero, como me hicieron en la Ciudad de México hace unos años) o si está siendo justo contigo..

Mi regla de la movilidad es: si la estación de autobuses o de trenes está a menos de cinco kilómetros del lugar en donde me hospedaré, me iré caminando si tengo equipaje ligero, de otro modo tomaría el autobús (o metro). Hay excepciones, como los siete kilómetros que me eché desde la estación de Sarajevo del este (parte serbia) hasta el centro del Sarajevo musulmán (parte bosnia), en ese caso fue porque llegué a las 6 de la mañana y no había transporte público (y no existía Uber ni nada de eso). ¿Un taxi? Ni hablar. Además era un trayecto tranquilo, con poco tráfico y bastante interesante (si te interesan las historias bélicas como a mí, el historiador en mí siempre está presente; si caminas, al fin de cuentas, conocerás más). Pero esas malas experiencias de movilidad se convertirían después en las mejores experiencias de mi vida. De Skopje llegaría al lugar más hermoso en el que he estado en mi vida: Ohrid, del cual hablaré más a fondo en otra entrada.